Unos hábitos de vida saludables pueden mejorar los síntomas de este molesto trastorno.

El Síndrome del Intestino Irritable (SII) o, también conocido como colon irritable, es un cuadro crónico del tubo digestivo que produce, sobre todo, dolor e hinchazón abdominal.

Se trata del trastorno gastrointestinal más diagnosticado y la segunda causa de absentismo laboral en España tras el resfriado común, según datos de la Fundación Española del Aparato Digestivo. De hecho, entre el 10-20% de la población padece a lo largo de su vida alguno de sus síntomas.

No se conoce una causa única que produzca este síndrome (hay varias, como estrés, enfermedades digestivas, genética…), por lo que el tratamiento se basa en mitigar las molestias y mejorar la calidad de vida de las personas.

Síntomas del colon irritable
  • Cambios en la frecuencia y/o consistencia de las heces: períodos de diarrea, estreñimiento, o alternancia de ambos.
  • Dolor abdominal: es el principal síntoma del síndrome del intestino irritable, que suele mejorar tras la defecación.
  • Sensación de quemazón en el esófago, náuseas e incluso vómitos.
  • Vientre hinchado por distensión abdominal, gases o meteorismo.
  • Mucosidad en las deposiciones.
Tratamiento de colon irritable

No existe un tratamiento definitivo que cure esta enfermedad, pero se ha demostrado que cambiando algunos hábitos de vida se pueden paliar los síntomas.

Más comidas de menor cantidad: come más veces al día y de forma moderada, ingiere a un ritmo relajado, en horarios regulares y masticando bien los alimentos, así facilitarás la digestión y lograrás reducir la posibilidad de que se irrite el intestino.

Fija un horario: intenta ir al baño por la mañana, después de desayunar. Beber un vaso de agua tibia con limón nada más levantarte ayuda a estimular tu metabolismo. No uses laxantes ni medicación para cortar la diarrea sin prescripción médica.

Busca la calma: se aconseja realizar técnicas de relajación, como el mindfulness, el taichí o el yoga, que son eficaces para reducir el estrés y liberar tensiones.

Evita el tabaco y el alcohol: el consumo de estas sustancias dañinas empeora los síntomas del síndrome.

Consume frutas suaves: opta por frutas pobres en azúcares y ricas en pectinas, como la manzana, la ciruela o la pera. Y evita los zumos o néctares, los cítricos y aquellas más flatulentas, como el melón o el higo.

Nada de comidas fuertes: como norma general, las especias, la cafeína, los picantes, las grasas y las comidas muy condimentadas deben evitarse.

Muévete: realizar actividad física regularmente favorece el tránsito intestinal. Trata de practicar ejercicio 30 minutos al día, ya que beneficia el sistema nervioso central y  mejora la motilidad del aparato digestivo.

Hidrátate: hay que ingerir al menos 2 litros de agua al día. Tomar infusiones suaves puede ayudarte. Es importante garantizar la hidratación adecuada cuando se padece esta enfermedad.

No olvides que no existen alimentos prohibidos. Cada persona debe identificar qué alimentos le sientan peor y eliminarlos de su menú.