Para muchos son una alternativa para dejar de fumar. Pero, ¿son tan sanos como dicen?

El cigarrillo electrónico es un aparato, creado en China en 2003, que usa una pequeña batería para calentar una solución líquida y convertirla en vapor. El líquido del cartucho contiene propilenglicol, glicerina y/o nicotina, además de saborizantes (menta, canela, fruta) y otros aromatizantes.

Sin embargo, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, no ha sido demostrada la inocuidad de estas sustancias cuando son empleadas por vía inhalada. Igualmente, el vapor que expulsan puede ser un riesgo para la salud en fumadores pasivos.

Aunque estos pitillos electrónicos se comercializan como una alternativa para dejar de fumar, no existen evidencias concluyentes que apoyen su uso como herramienta efectiva para abandonar el mal hábito, tal y como recoge la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

¿Cómo afecta la nicotina líquida?

La nicotina líquida es una extracción química de la nicotina pura que está presente en el tabaco, pero que está mezclada con otros elementos químicos para ofrecer un sabor más agradable.  Casi todas los fabricantes incluyen nicotina en los cigarrillos electrónicos en diferentes concentraciones, que oscilan entre 0 y 36 mg/ml.

A pesar de ser bajas proporciones y de presentarse en formato líquido, los efectos de esta nicotina en el organismo son parecidos a los de la nicotina del tabaco tradicional. Es decir, puede causar bronquitis crónica, infecciones respiratorias, adicción (tabaquismo), enfermedades cardiovasculares e, incluso, cáncer de pulmón. Además, los efectos adversos que pueden desarrollarse no dependen exclusivamente de la nicotina, sino de la mezla con otras sustancias que contiene.

Por estos motivos, la comunidad sanitaria pide mayor regulación en este ámbito y sugiere que estos aparatos electrónicos se administren únicamente bajo la prescripción de un médico.