Cuidar nuestra salud física y mental implica incorporar a nuestro día a día una serie de hábitos saludables.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el término “autocuidado” como la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover y mantener la salud, prevenir las enfermedades y hacer frente a cualquier dolencia con o sin el apoyo de los profesionales de la salud. En este proceso, según la OMS, intervienen varios aspectos:

  • Higiene: general y personal.
  • Nutrición: tipo y calidad de los alimentos consumidos.
  • Estilo de vida: actividades deportivas, ocio, consumo tabáquico, etc.
  • Factores ambientales: condiciones de vida, hábitos sociales, etc.
  • Factores socioeconómicos: nivel de ingresos, creencias culturales, etc.
  • Automedicación.

Pilares del autocuidado

El autocuidado implica darle a cada ciudadano las herramientas necesarias para cuidar su salud de forma responsable 7 días a la semana, 24 horas al día. Esto supone, básicamente, prestar atención y apoyar tanto la salud física como la mental. Porque nuestro cuerpo y nuestra mente tienen unas necesidades y nuestro bienestar depende de que las cuidemos.

La Fundación Internacional del Autocuidado (ISF en sus siglas en inglés) propone 7 pilares o ámbitos para aplicar el autocuidado:

  1. Conocimientos básicos de salud: poder obtener, procesar y comprender la información y los servicios básicos de salud necesarios para tomar decisiones apropiadas en materia de salud.
  2. Autoconciencia de la condición física y mental: conocer nuestro Índice de Masa Corporal (IMC), nivel de colesterol y presión arterial y participar en revisiones y exámenes de salud.
  3. Actividad física: practicar habitualmente ejercicio de intensidad moderada (caminar, andar en bicicleta, etc.) o realizar deporte.
  4. Alimentación saludable: tener una dieta nutritiva y equilibrada con unos niveles apropiados de ingesta de calorías.
  5. Evitar o reducir riesgos: dejar de fumar, limitar el consumo de alcohol, vacunarse, practicar sexo seguro y usar protección solar.
  6. Buena higiene: lavarse las manos con regularidad, cepillarse los dientes y lavar los alimentos antes de ingerirlos.
  7. Uso racional y responsable de los productos, servicios, diagnósticos y medicamentos: ser consciente de los peligros y usarlos de manera responsable cuando sea necesario.

Reconvertir nuestra alimentación en saludable y practicar ejercicio de forma habitual son dos hábitos difíciles de encajar en nuestro día a día, tan apresurado y dinámico. Estos son algunos trucos sencillos para conseguirlo:

Ejercicio habitual:

Ir en bicicleta al trabajo, realizar un paseo corto después de comer, subir escaleras en vez de usar el ascensor, animar a los niños a realizar alguna actividad o juego que implique ejercicio en el jardín o en el parque, bailar, aparcar más lejos del lugar al que pretendemos llegar, bajar una parada antes del autobús o del metro, etc.

Alimentación saludable:

  • Cocinar más implica obviar los productos precocinados y crear nuestros propios platos. Así, podremos seleccionar los ingredientes de las recetas y controlar condimentos como la sal.
  • Comprar productos de temporada: serán de mayor calidad y, además, realizaremos un consumo sostenible.
  • Introducir más alimentos vegetales en la dieta: crear guarniciones de verdura (chips de zanahoria o remolacha, ensaladas de tomate o pequeñas menestras de verdura) e incorporar piezas de fruta en el desayuno y en la merienda.

Recuerda que el autocuidado nos permitirá sentirnos mejor y, cuanto mejor nos sintamos, mejor funcionaremos y cuidaremos de quienes nos rodean.

“La mayor de las locuras es sacrificar la salud por cualquier otro tipo de felicidad”, Arthur Schopenhauer.