Acallar palabras innecesarias y neutralizar el ruido es saludable para cuerpo y mente.

Vivimos en un mundo lleno de estímulos. Reuniones, familia, whatsapp, emails… Muchos vamos acelerados en una época llena de tensiones en la que todo va demasiado rápido. Sin pausa. Sin respiro.

Desbordados por la falta de tiempo, por la sobreinformación y por una vida profesional y personal que a menudo nos exige más de lo que podemos dar, a veces explotamos, hartos de todo. La monja budista Kankyo Tannier nos propone en su libro La magia del silencio incorporar espacios de desconexión en nuestro día a día, para mejorar nuestro bienestar.

Ejercicios para desconectar

Aquí proponemos una serie de ejercicios sencillos y prácticos que pueden ayudarnos a tomar la senda del silencio y de la harmonía.

1. Soledad transitoria voluntaria: aíslate del mundo ruidoso de vez en cuando. Esta cura de silencio te ayudará a recargar pilas. Empieza con unos minutos, luego unas horas y, al final, podrás practicar el silencio durante días sin esfuerzo.

2. Retiro en casa: puede ser de unas horas, de un día o de un fin de semana. Prepáralo bien: llena la nevera de comida sana, coge un buen libro y avisa a tus contactos de que vas a desaparecer. Luego, apaga el móvil.

3. No hacer nada: para eliminar nuestro ruido cotidiano el mejor antídoto es no hacer nada. Asómate a la ventana durante un tiempo ilimitado, respira con el abdomen, escápate a la naturaleza y camina despacio, apreciando el paisaje sin inquietud…

4. La regla de las 3 R y PTPA: desconectar es un proceso que requiere un poco de tiempo. Recuerda la regla de las 3 R, Repetir, Repetir, Repetir. Y Parece una Tontería Pero es Así.

5. Acalla esa vocecita: ridiculiza esa vocecilla interior que te manda, te critica constantemente y te dice ‘haz esto y lo otro’, ‘qué torpe eres’… Ponle un tono agudo o la voz del Pato Donald.

6. Apacigua discusiones: medita tus palabras antes de soltarlas y valora si merecen la pena. Controla lo que te ronda por la cabeza, ya que a veces creamos una película irreal. Ante una provocación, relaja la mandíbula y esconde la lengua tras los dientes, así aliviarás la tensión.

De acuerdo con la ciencia energética tibetana, la ausencia total de palabras limpia los canales sutiles. De esta manera, lo que no se verbaliza, desaparece, dando paso a la purificación. A partir de ahí, todo es más sencillo y la vida se simplifica.

La serenidad que brinda el silencio ayuda a encarar la vida desde una visión más sosegada.