Elegir los productos adecuados es una decisión clave para lograr una alimentación sana.

En estos últimos años ha cambiado radicalmente la manera en cómo compramos la comida. Antes, era costumbre adquirir en el día los alimentos que se iban a consumir, y de esta forma, los productos eran más perecederos, frescos y saludables.

Hoy solemos realizar una gran compra quincenal o mensual o, incluso, hacemos la compra por  internet en busca de comodidad. No obstante, todo estos cambios nos impiden muchas veces obtener alimentos más naturales y sanos y llevar a cabo una compra inteligente.

La compra es un momento importante, porque es cuando debemos elegir con cabeza las opciones más nutritivas y seguras para nosotros y nuestra familia, al margen de promociones comerciales. Para lograr una cesta nutritiva y económica, debemos planificar con tiempo qué tipo de alimentos necesitamos y en qué cantidad.

Esta comprobado que una alimentación rica en verduras, frutas y cereales integrales, y pobre en productos procesados nos vuelve más fuertes frente a enfermedades como la diabetes y la hipertensión. Así, en el supermercado, tenemos que decantarnos por los alimentos de siempre y descartar los más novedosos (snacks, galletas, empanados, congelados…) que intentan captar nuestra atención con ofertas llamativas.

Cómo elaborar una cesta sana

La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria sugiere seguir los siguientes pasos para elegir los productos que más nos convienen con sentido común:

  1. Planifica anticipadamente los menús: escribe los menús de la semana, tratando de incorporar gran variedad de alimentos y de respetar las raciones de la pirámide (el consumo diario tiene que ser de frutas, verduras, pan, pasta, leche, huevos y pescado, el consumo esporádico es de carne roja y embutidos).
  2. Redacta una lista de alimentos, con tres columnas: alimentos frescos (ej: hortalizas, leche, queso, carnes), no perecederos (ej: arroz, azúcar, cereales) y congelados; de este modo, le darás un orden a la compra y evitarás que los productos pierdan calidad.
  3. Tómate tu tiempo: intenta ir a comprar con tiempo, descansado y sin hambre, así podrás comparar precios y la calidad de los productos y elegirás la mejor opción.
  4. Primero, los no perecederos: empieza por los productos no perecederos (pasta, latas, arroz), sigue por los frescos, y acaba por los refrigerados. Asegúrate de leer la información nutricional de las etiqueta de los envases.
  5. Alimentos de temporada: las frutas y verduras son una fuente incalculable de vitaminas y nutrientes y nos ayudan a un tener un mejor estado de salud, por lo que deben ser indispensables en nuestra cocina. Las de temporada, además de ser más económicas y tener más calidad, suponen una acción decisiva en el ámbito de la sostenibilidad.
  6. Menos carnes rojas: disminuye la cantidad de carnes rojas y embutidos, ya que se ha demostrado que un consumo elevado de estos productos puede suponer un riesgo por su alto contenido en grasas saturadas, colesterol y sodio. Es preferible que optes por carnes blancas y magras (pollo, pavo).
  7. Reduce los productos industriales: intenta evitar aquellos productos que nuestros bisabuelos no reconocerían, es decir, refrescos azucarados, dulces, snacks, comida preparada, bollería industrial, etc., puesto que contienen muchas grasas y ningún valor nutritivo. Mientras que los más procesados son los menos nutritivos, los más simples ofrecen muchas más garantías.
  8. Antes de pagar: no compres por “si acaso”, ya que adquirirás demasiada cantidad y harás que se caduque en la nevera. Revisa la lista de alimentos antes de pasar por caja y utiliza bolsas de tela o cartón, así ahorrarás dinero y no perjudicarás tanto al medioambiente.

Con estos consejos ganarás tiempo y dinero, conseguirás más variedad y colorido en tus platos y aportarás los nutrientes esenciales para tu salud y bienestar.

La compra inteligente es el primer paso hacia una alimentación saludable.