Aprender a gestionar el tiempo y las emociones es vital para que el cuidador haga su labor.

Cuidar a una persona dependiente significa ayudar y responder a sus necesidades básicas, apoyarle en su proceso vital e intentar mantener su bienestar con la mayor calidad y calidez posible. El cuidador principal (la mayoría de veces el hijo/a, el cónyuge, un familiar) es quien asume el compromiso de atender y supervisar todas las tareas que esto conlleva.

Ser cuidador implica responsabilizarse de todos los aspectos de la vida de la persona enferma, desde la higiene y la alimentación, hasta el vestir, la medicación y la seguridad. Asumiendo las funciones de enfermera, tutor y acompañante, el cuidador tiene que afrontar la pérdida progresiva de su propia autonomía, tratando de compaginar sus labores de atención con su propia vida.

De acuerdo con la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Personas Adultas Mayores, en España existen más de tres millones de personas con alguna discapacidad o limitación y necesitan la ayuda de una persona para desarrollar las actividades rutinarias.

El extenso tiempo dedicado al otro, la sobrecarga de tareas y las expectativas poco realistas pueden, a la larga, acarrear problemas emocionales en el cuidador provocando lo que se conoce como el “síndrome del cuidador quemado” y que se traduce en aislamiento, apatía, tristeza e insomnio. Por todo ello, las instituciones insisten en la formación, la planificación y las ayudas existentes del cuidador para prevenir su soledad.

Recomendaciones para el cuidador

La primera sugerencia del Manual de Habilidades para Cuidadores Familiares de Personas Mayores Dependientes, elaborado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología es “cuídese…para poder cuidar”. He aquí algunos consejos útiles para los cuidadores:

  1. Dedícate un tiempo a ti mismo

Intenta encontrar momentos del día para dedicártelos a ti. Puedes aprovechar cuando descansa el enfermo para hacerlo tú también. Un simple paseo de 15 minutos te ayudará a mejorar el estado de ánimo. Haz algo que te guste sin remordimientos, así lograrás relajarte y actuar con paciencia ante situaciones que pueden desbordarte.

  1. Aliméntate de forma saludable

Mantén una alimentación equilibrada con verduras, legumbres, frutas y cereales integrales. Abandona los productos procesados, azucarados y la comida rápida, ya que apenas aportan nutrientes y resultan muy calóricos. Consumiendo alimentos frescos y tradicionales tendrás más energía física y mental y dormirás mejor.

  1. Comunícate

Intenta rodearte de amigos y familiares que te quieren para sentirte apoyado y arropado (si sales poco de casa, llámalos por teléfono). Hablar con alguien sobre lo que vives o sobre otros temas te ayudará a liberar estrés, distraerte y relajarte.

  1. Vive historias a través de libros o el cine

Meterse en una historia ficticia nueva hará que desconectes, vivas durante un rato otras aventuras y descubras escenarios diferentes. Con un buen libro o una película te entretendrás de manera íntima y, si encima es cómico, te beneficiarás de los efectos de la risa, reduciendo la presión sanguínea y favoreciendo el corazón.

  1. Despedirse con naturalidad

Hay que ir aceptando poco a poco que nuestro ser querido vive seguramente la etapa final de su vida, por eso debemos hablar con normalidad de la muerte. Decir todo lo que sentimos es mucho más sano que guardar nuestros pensamientos y arrepentirnos demasiado tarde.

Con todo esto, los servicios sociales públicos pueden ayudarnos a prevenir o aliviar la sobrecarga que conlleva la situación de los cuidados prolongados, a la vez que se cubren las necesidades de la persona dependiente, mejorando su calidad de vida.

"Puedes ser solamente una persona para el mundo, pero para alguna persona tú eres el mundo", Gabriel García Márquez.