La dieta que seguimos puede ayudarnos a prevenir dolencias y mejorar nuestro bienestar.

La alimentación y la salud van de la mano. El modo en que comemos condiciona nuestro estado y, puede ser una arma de doble filo, puede protegernos de enfermedades o conducirnos a varias patologías. Y es que, a diferencia de la imprenta genética de nuestro ADN, en el caso de la dieta tenemos la posibilidad de modificarla y mejorarla para que sea una medida preventiva eficaz.

Las personas tenemos a nuestro alcance una herramienta con la que curarnos en salud. Aparte de abandonar malos hábitos (como el tabaquismo y el consumo de alcohol) y practicar ejercicio físico diario, la nutrición es la clave para disfrutar de mejor calidad de vida. Sin embargo, para que este patrón alimenticio sea correcto, tiene que incluir la energía y todos los nutrientes en las cantidades adecuadas para cubrir las necesidades del organismo.

Una persona necesita consumir aproximadamente 50 nutrientes, ya que estos son sustancias que el organismo no es capaz de sintetizar y necesita absorber mediante la dieta. Eso sí, no hay ningún alimento completo que nos aporte todos los nutrientes necesarios: el secreto está en la combinación y diversidad de recetas.

Consejos para una dieta equilibrada

La habilidad para elegir una alimentación saludable es algo que se aprende. La Consejería de Sanidad y Consumo de la Comunidad de Madrid ha elaborado una guía en la que se detallan las normas a tener en cuenta para diseñar una dieta equilibrada:

  1. Variedad de grupos de alimentos

Tienen que estar formada por gran variedad de alimentos: cereales integrales, frutas, hortalizas, verduras, legumbres, aceite de oliva, pescados, carnes magras, huevos, pescados, lácteos e ingerir de forma ocasional y moderada, carnes rojas y procesadas, bollería industrial y productos azucarados.

Las proteínas, los hidratos de carbono y las grasas, considerados macronutrientes, son los únicos que nos proporcionan energía o calorías, por lo que deben consumirse a diario. El resto, vitaminas y minerales (micronutrientes), se necesitan unos pocos miligramos al día, aunque también son esenciales.

  1. Raciones moderadas

Tiene que existir un balance correcto entre la diversidad de alimentos y la moderación de las cantidades que ingerimos, con el fin de mantener un peso saludable y evitar la obesidad y la hipertensión arterial, enfermedades del corazón, diabetes mellitus y algunos tipos de cáncer.

Cuando hay un balance positivo y la dieta aporta  más energía de  la necesaria, el exceso se almacena en forma de grasa dando lugar a sobrepeso. El peso adecuado es aquél que se correlaciona con una mayor esperanza de vida.

  1. Sabrosa y apetecible

No solo comemos por necesidad, también por placer y para disfrutar. Con esta premisa, tenemos que conformar una alimentación sana y nutritiva, pero también sabrosa, atractiva y apetitosa. Los platos tienen que apetecernos comer y recordarnos gustos tradicionales y de nuestra familia. Cuanto más sabrosa sea la dieta,  menos posibilidad de cansancio y abandono.

  1. Con más vegetales

 Nuestros menús tienen que estar compuestos por un mayor número de verduras, hortalizas y frutas, más que de alimentos de origen animal (carnes rojas, procesadas, lácteos, huevos). Recientes investigaciones han demostrado que la ingesta de menos de 50 gramos de carne roja al día se asocia a menores casos de mortalidad por enfermedades del corazón.

En su lugar, los vegetales contienen agua, hidratos, fibra y nada de colesterol, así nos ayudan a controlar el peso y a reducir el riesgo de sufrir trastornos metabólicos. También nos reportan fitoquímicos (b-caroteno, licopeno, polifenoles…) que nos protegen del estrés oxidativo del envejecimiento y de dolencias, como el cáncer.

  1. Actividad física diaria

La alimentación tiene que combinarse con otro de los pilares de un estilo de vida saludable, el ejercicio físico. Las personas más activas tienen menor riesgo de padecer enfermedades degenerativas  (alzhéimer, parkinson), patologías cardiovasculares, osteoporosis y diabetes. Asimismo, practicar deporte de forma regular produce una mayor sensación de bienestar general, disminuyendo los niveles de ansiedad y estrés y mejorando la autoestima y el humor.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar entre 30 y 60 minutos diarios de algún tipo de actividad física aeróbica (de actividad moderada, que ayuda a quemar más grasa: caminar a paso ligero, bailar, jardinería…). Lo importante es buscar actividades que nos motiven, que nos gusten y que podamos hacer a diario, ya que así nos resultará sencillo cumplirlas.

Además de todas estas recomendaciones, recuerda también beber suficiente agua, unos 2,5 litros al día (para los hombres) y 2 litros (mujeres), cantidad que habría que aumentar en el caso de actividad física, incremento de la temperatura, fiebre o pérdida de líquidos.

Reparte las los alimentos en 5 comidas (desayuno, tentempié, comida, merienda y cena), así no pasarás hambre ni sufrirás bajones de energía.