Es un modo de alimentarse basado en la moderación, el equilibrio y la conciencia

La alimentación macrobiótica es una manera de comer que se basa en el principio oriental de equilibrio del Yin y el Yang, según el cual dentro de todo ser vivo conviven proporcionalmente dos fuerzas: la quietud frente a la actividad.

La macrobiótica fue presentada por el pensador japonés George Ohsawa, quien consideraba este patrón alimenticio como una “higiene de vida” y un régimen justo, que respondía a las leyes de la naturaleza y que podía mejorar el estado de salud.

Siguiendo esta premisa, ​los alimentos se clasifican de acuerdo a estas dos categorías (Yin o Yang) y teniendo que estar lo más equilibrados y lo más cerca posible a las necesidades de la sangre: 5 Yin (dulce) por un Yang (salado). Cuanto más alejado está un alimento de la composición fija de la sangre, mayor es el esfuerzo digestivo que tenemos que hacer, lo que a la larga puede causar algunas enfermedades.

Ohsawa opinaba que, de la misma manera que cuando se bebe demasiado alcohol el juicio se modifica, cualquier alimento introducido en el organismo puede producir emociones negativas como angustias o agresividad, o sensaciones agradables, como mayor concentración y optimismo.

Claves de la alimentación macrobiótica

Para alcanzar un estado óptimo de bienestar, Ohsawa proponía nutrirse de forma mesurada y  sólo con lo que requiere el organismo.

  1. Comer con moderación: ingerir alimentos solo cuando se tiene hambre y la cantidad necesaria. Hay que ser consciente de que, fuera de eso, el resto son excesos, aunque sean placenteros.
  2. Consumir productos locales y de temporada: tomar productos provenientes de nuestro entorno más próximo y de temporada, ya que éstos contienen menos sustancias químicas, respetan el medio ambiente y nos reportan más nutrientes.
  3. No abusar de los azucarados: aconseja consumir escasa y puntualmente azúcar, chocolate, lácteos y estimulantes como café y té negro. Estas sustancias se consideran yin o expansivas, es decir, que alteran el sistema nervioso y, a largo plazo, disminuyen el estado anímico.
  4. Vigilar con la comida procesada: consumir de forma esporádica u opcional embutidos, snacks y comida rápida, puesto que contienen numerosas calorías y pocos nutrientes. Optar mejor por cereales integrales, vegetales sin químicos y productos tradicionales.
  5. Masticar cada bocado: la macrobiótica aconseja “masticar las bebidas y beber los alimentos” y discernir en cada caso por qué se come , ¿para crecer?, ¿por placer?, ¿para curarse?.
  6. Los cereales integrales, base de nuestro menús: los cereales son el centro de esta dieta, ya que aportan todos los nutrientes necesarios para el cuerpo (hidratos de carbono, proteínas, vitaminas, minerales, grasas y agua). Así, tienen que representar entre el 25 al 40% del total de alimentos que ingerimos al día.
  7. Nada de prohibiciones: no se trata de un régimen vegetariano, se puede comer lo que se quiera, conociendo las especificidades de cada alimento para utilizarlo según las necesidades de cada uno. Decidir si tomar productos animales o no, de qué tipo, qué cantidad, etc., dependerá del resultado que se quiera obtener.

De acuerdo con su creador, si comemos siguiendo estas bases, el organismo se armoniza, física y mentalmente, sintiéndonos más vitales y enérgicos y gozando de mejor estado de salud.

El estilo macrobiótico de comer es como un camino de desarrollo personal, que mejora el estado de conciencia y la salud.