El hecho de ser un hábito reciente hace que haya un conocimiento médico limitado de sus riesgos.

“Vapear” consiste en inhalar el vapor creado por un cigarrillo electrónico u otro dispositivo similar. Se trata de un término relativamente nuevo, ya que su uso se popularizó en los países occidentales hace menos de 10 años. Sin embargo, hoy en día, es muy común ver “vapeadores” en cualquier esquina o terraza rodeados de un denso humo blanquecino, en ocasiones, acompañado de aromas no siempre desagradables.

En los últimos meses, el “vapeo” ha sido objeto de debate. Por un lado, el Gobierno estadounidense se está planteando prohibir la venta de cigarrillos electrónicos de todos los sabores, excepto del tabaco. Por otro lado, en España, el Ministerio de Sanidad valora incorporar el vapeo a las prohibiciones de la Ley Antitabaco.

No es inocuo

La corta trayectoria de los cigarrillos electrónicos (si la comparamos con la del tabaco) provoca que haya un limitado conocimiento médico sobre los riesgos concretos que pueden tener para la salud. De ahí que haya defensores y detractores del “vapeo” que se reafirman en sus posturas con la misma intensidad.

Sus defensores valoran su utilidad a la hora de dejar de fumar. Existe, incluso, una Plataforma MOVE que apoyan médicos, científicos y profesionales de la salud de todo el mundo. Por su parte, sus detractores aseguran que los cigarrillos electrónicos no son completamente inocuos e incluso pueden fomentar la adicción al tabaco y están avalados por diversas sociedades científicas y médicas.

En este sentido, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha realizado una declaración sobre la eficacia, seguridad y regulación de los cigarrillos electrónicos:

  • Los cigarrillos electrónicos vaporizan un líquido compuesto por una mezcla de sustancias químicas. Al inhalarlas, se depositan en los pulmones.
  • Esas sustancias químicas suelen ser propilenglicol, glicerina y nicotina (esta última no siempre). Las dos primeras son inocuas cuando se utilizan por vía oral, pero no está demostrado que lo sean si se inhalan.
  • El vapor que liberan los cigarrillos electrónicos contiene una serie de sustancias (formaldehído, acetaldehído, acroleínas y metales como níquel) declaradas carcinogénicas por la International Agency for Research on Cancer, sin determinar un umbral de seguridad para su consumo. Además, algunas de estas sustancias tienen capacidad para dañar el intersticio pulmonar.
  • El vapor que producen los cigarrillos electrónicos contiene unas partículas del tipo PM2,5 que pueden ser perjudiciales para los consumidores activos de estos dispositivos y también para los pasivos.
  • Los estudios que han concluido que los cigarrillos electrónicos (tanto los que contienen nicotina como los que no) pueden ayudar a controlar los síntomas del síndrome de abstinencia, tienen deficiencias metodológicas y las muestras de sujetos son muy pequeñas.
  • Ocurre lo mismo con los estudios clínicos que evalúan la eficacia y la seguridad de uso de los CE como tratamiento para ayudar a los fumadores a dejar de serlo o para ayudarles a reducir el número de cigarrillos que consumen.

En este sentido, para la SEPAR los cigarrillos electrónicos deberían regularse como medicamentos con un triple objetivo: controlar su consumo, vigilar el cumplimiento de estándares de calidad a la hora de producirlos y distribuirlos y poner en marcha estudios clínicos amplios y de calidad que eviten las deficiencias de las investigaciones actuales sobre los cigarrillos electrónicos.

Además, la SEPAR recuerda que, en caso de querer dejar de fumar, lo más conveniente es acercarse a un profesional de la salud. Te acompañará en el proceso y te prescribirá tratamientos cuya eficacia y seguridad sí está demostrada.