La alimentación es uno de los factores fundamentales a revisar y controlar cuando diagnostican esta enfermedad metabólica.

Cuando el cuerpo falla a la hora de producir o usar insulina y se disparan los niveles de azúcar (glucosa) en sangre, aparece la diabetes mellitus. Este trastorno engloba un conjunto de enfermedades metabólicas que se clasifican en varios tipos, las más comunes son la 1, la 2 y la gestacional.

En el momento en que se diagnostica la diabetes, hay tres factores que se convierten en fundamentales: el control del nivel de azúcar en sangre, la insulina y los medicamentos orales. Pero no son los únicos. También es importante concentrarse en mantener un peso saludable y ello implica incorporar hábitos alimentarios sanos y practicar ejercicio con regularidad.

Terapia nutricional

Asumir que se padece una enfermedad que no tiene cura nunca es fácil. Y tampoco lo es que haya que controlar y cambiar ciertas rutinas. En líneas generales, a toda la población le supone un gran esfuerzo introducir cambios en la alimentación, más si cabe cuando una enfermedad lo exige.

Normalmente, la primera palabra que le viene a la mente a un paciente diabético, cuando es diagnosticado y es consciente de que necesita realizar una terapia nutricional, es la de “prohibición”. Pero reconducirnos hacia una alimentación saludable puede convertirse en un reto, que nos ayude a cuidar de nuestra salud.

Nutrientes y alimentos recomendados

No existe una dieta específica para la diabetes, así que ninguna “dieta milagro” que nos propongan funciona. Sí existen, sin embargo, 5 máximas a tener muy en cuenta a la hora de diseñar la terapia nutricional cuando diagnostican una diabetes. Se debe:

  1. Limitar el consumo de grasa y esta provendrá básicamente de la grasa monoinsaturada (aceite de oliva, frutos secos o aguacate).
  2. Convertir a las verduras, las hortalizas, las legumbres, los cereales integrales y los derivados lácteos como la fuente principal de hidratos de carbono.
  3. Tomar, al menos, 14 g de fibra por cada 1.000 kilocalorías consumidas.
  4. Reducir el consumo de grasas saturadas, hidratos de carbono refinados y dulces.
  5. No consumir o hacerlo de manera muy ocasional alimentos y bebidas azucaradas.

Es recomendable, por tanto, evitar productos como las mantequillas y los zumos de fruta industriales y evitar el uso de técnicas culinarias como las frituras y los rebozados. Hay que recordar que las técnicas que mejor conservan el valor nutricional de los ingredientes son las cocciones (vapor, salteado, papillote y cocción en el microondas).

Así, a la hora de crear un plato equilibrado, se puede utilizar el “método del plato”, que establece unas sencillas proporciones:

  1. Las verduras (ensalada o verdura cocida) ocuparán la mitad del plato.
  2. Las proteínas (pescado, carne o huevos) llenarán un cuarto del plato.
  3. Los alimentos farináceos (cereales, tubérculos o legumbres) serán otro cuarto del plato.
  4. El postre será una pieza de fruta.

Si te han diagnosticado diabetes, es una buena idea consultar con un profesional de la nutrición que nos ayude a crear un plan alimentario adaptado al tipo de enfermedad y también a nuestras preferencias y estilos de vida. Y no hay que olvidar la importancia de combinar este tipo de terapia nutricional con la práctica regular de ejercicio.