La leche es una fuente importante de vitamina B12, que ayuda a la formación de glóbulos rojos en la médula ósea

La leche es uno de los alimentos más completos y saludables de la pirámide alimenticia, pues proporciona los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo.

Existen tres tipos de leche según la cantidad de grasa que poseen: desnatada, semidesnatada y entera.

En este sentido, la leche y los productos lácteos contienen ácido linoleico, que contribuye a mantener los niveles normales de colesterol en sangre; y también destacan por su alto contenido en calcio, fósforo y proteínas, esenciales para el desarrollo de los huesos y un correcto mantenimiento de los dientes.

Según la Fundación Española de la Nutrición, la leche es una fuente importante de vitamina B12, que ayuda a la formación de glóbulos rojos en la médula ósea.

Asimismo, la Fundación Mundial para la Investigación en Cáncer, destaca el papel protector de la leche en determinados tipos de cáncer, como el de colón y el de recto.

Pero, ¿cuánta leche tomar? En niños y adultos, la ingesta recomendada es de entre 2 y 4 raciones al día, siendo necesarias, al menos 3, en periodos como la infancia, la adolescencia y el embarazo, destaca la Fundación Española del Corazón. Y es que, gracias a su riqueza nutricional, la leche es especialmente adecuada en todas las edades, tanto tempranas como avanzadas.

INTOLERANCIA Y ALERGIA A LA LECHE

Hay personas que, por diferentes motivos, son intolerantes o alérgicas a la leche. Estos dos conceptos, según la Organización de Consumidores y Usuarios, son diferentes.

Por un lado, la persona alérgica, lo es, fundamentalmente, a las proteínas de la leche y puede experimentar síntomas como: hinchazón en boca y labios, sarpullidos y eczema. En este caso, se debe suprimir la leche de la dieta diaria.

Por el contrario, destaca la Organización de Consumidores y Usuarios, la intolerancia a la lactosa se produce por la ausencia o déficit en la producción de la enzima lactasa y se manifiesta mediante diarrea, flatulencias, problemas digestivos… etc.

La alergia a la leche se desarrolla a temprana edad, mientras que la intolerancia se puede manifestar en adultos.