La faringitis es una inflamación aguda de la mucosa de la orofaringe causada, por lo general, por alguna bacteria, hongos, virus o una reacción alérgica a los alimentos

La faringitis y amigdalitis son dos afecciones muy frecuentes que surgen con la llegada del invierno. Aunque a priori puedan parecer lo mismo, presentan ciertas diferencias.

La faringitis es una inflamación aguda de la mucosa de la orofaringe causada, por lo general, por hongos, virus, bacterias o una reacción alérgica alimentaria. También, la exposición a determinados tóxicos inhalados puede favorecer su aparición, según la Sociedad Española de Medicina Interna.

Los síntomas más frecuentes incluyen: dolor al tragar, fiebre e inflamación de las amígdalas, a veces con pus. Otros síntomas, aunque no se manifiestan siempre, son: congestión nasal, tos y cansancio.

La Sociedad Española de Medicina Interna destaca que, la mayoría de veces, la faringitis no responde bien a los medicamentos, por lo que recomienda beber mucha agua para mantener una correcta hidratación y aliviar la sequedad ocasionada en la garganta. También, los caramelos duros, tomar bebidas calientes y hacer gárgaras de agua salada son una excelente opción para calmar el dolor de garganta.

Por su parte, la amigdalitis es un proceso infeccioso localizado en las amígdalas. Se transmite por vía aérea, por lo que hay que evitar el contacto con las personas que la padezcan. Los síntomas van desde malestar general, hasta escalofríos, dolor de garganta, fiebre, rigidez en el cuello, dolor de cabeza y presencia de amígdalas rojas o inflamadas.

Desde Clínica Mayo explican que, para establecer un tratamiento adecuado para la amigdalitis, es necesario saber la causa de esta, por lo que es de vital importancia obtener un diagnóstico rápido. En algunos casos y cuando la amigdalitis bacteriana se produce con frecuencia o no responde a los tratamientos, se lleva a cabo la cirugía para extirpar las amígdalas.

Los factores de riesgo que propician la aparición de la amigdalitis son: la edad temprana, ya que, en la mayoría de los casos, la amigdalitis se produce en los niños; y la exposición frecuente a gérmenes, sobre todo los niños en edad escolar, que están en contacto directo con sus compañeros y se exponen con frecuencia a virus o bacterias.

En ambos casos, tanto en la faringitis como la amigdalitis, el pronóstico es bueno y no conlleva complicaciones.