Sentirnos alegres nos cambia por fuera y por dentro y puede llevarnos a la felicidad.

La alegría es una emoción básica positiva que nos hace sonreír, relacionarnos y sentir curiosidad por nuestro entorno. Cuando la experimentamos, el cuerpo cambia. Abrimos los ojos y la boca, elevamos nuestro tono de voz y, en nuestra cara, se dibuja una sonrisa. Además, nuestros músculos del pecho, la garganta y las cuerdas vocales se expanden.

Nuestra salud se beneficia ampliamente de la emoción de sentirnos alegres. Aumentamos nuestras defensas y también generamos un neurotransmisor llamado serotonina que atenúa el estrés y la ansiedad. Experimentar esta emoción positiva nos hace ser más creativos y más proclives a relacionarnos con los demás.

Sentirnos alegres y satisfechos nos puede llevar a la felicidad, tal y como resalta la psicóloga y profesora de la Universidad de California en Riverside, Sonja Lyubomirsky. Siempre y cuando combinemos esas sensaciones con la percepción de que nuestra vida es significativa y vale la pena.

Tipos de alegrías

Cada día se producen grandes y pequeños momentos que nos alegran. Puede ser por alcanzar un objetivo, observar la felicidad de alguien cercano a quien apreciamos o, simplemente, neutralizar aquello que nos hace sufrir.

Existen varios tipos de alegrías. Entre ellas:

  • La auténtica: surge de forma natural y se produce debido a una situación o logro que consideramos positivo.
  • La hilarante: aparece de manera inesperada como una reacción fisiológica o resultado del sentido del humor. Procesamos estímulos o situaciones que nos resultan cómicas.
  • La que procede de la hedonía: la sentimos cuando satisfacemos nuestras necesidades y deseos más básicos. También cuando evitamos aquello que nos produce malestar.
  • La que procede de la “eudaimonía”: es un término griego habitualmente traducido como “felicidad” o “bienestar”. Experimentamos este tipo de alegría cuando alcanzamos nuestros objetivos.

Búsqueda de la alegría

La alegría es una emoción que, con los años, puede perderse u olvidarse. Las obligaciones del día a día y las decepciones la pueden convertir en invisible a nuestros ojos. Te damos algunas claves para recuperarla:

  • No intentes buscarla demasiado. Conviene encontrar aquella felicidad que realmente sientas porque la alegría es una emoción que suele cogernos desprevenidos.
  • Expresa gratitud: reflexiona sobre lo que tienes, aprécialo y expresa tu gratitud, ya sea a viva voz o por escrito, mediante palabras o acciones.
  • Busca actividades placenteras: pregúntate qué se te da bien y con qué disfrutas. Encuentra algo significativo y placentero que hacer con cierta regularidad. Puede ser bailar o dar un paseo.
  • Comparte y conecta: organízate para realizar una actividad placentera con alguien a quien aprecies. Conectarse es una forma estupenda de sentir bienestar.
  • Expresa tus preocupaciones: esto puede significar estar ahí para un ser querido u ofrecerse como voluntario para ayudar. Contribuir y ayudar a los demás da significado a nuestras vidas.
  • Sé amable contigo mismo: cuanto más lo seas, más lo serás con los demás.

Como ves, en caso de haberla perdido, es posible recuperar la sensación de alegría. Tan solo debemos buscar esos pequeños momentos y situaciones que la potencien. Siempre sin forzarla a llegar. Es cuestión de práctica.

“La alegría nos invade, nos sorprende, nos traspasa. Es evidente y desnuda. La alegría es contagiosa”, Álex Rovira.