Sentir compasión es un proceso interno que implica percibir sufrimiento, evaluarlo, involucrarse y actuar.

La compasión es un comportamiento dirigido a eliminar el sufrimiento y a producir bienestar en quien sufre (puede ser otra persona o nosotros mismos). Implica un deseo de ser útil. Lo sentimos cuando reconocemos el dolor y nos asaltan pensamientos de empatía, calidez y amor por la persona que está padeciendo una situación difícil y deseamos aliviar ese sufrimiento.

No hay que confundirlo con empatía (la capacidad de entender la conducta y los sentimientos de los demás), simpatía (sentir la emoción de otro), lástima (un sentimiento de tristeza y ternura por el padecimiento de alguien) o estrés por observar el sufrimiento de los demás. Porque la compasión, a diferencia de estos estados, conlleva también un impulso (basado en el amor y en la comprensión cálida) de actuar para eliminar o disminuir el sufrimiento.

Las personas compasivas tienen una serie de cualidades:

  • Sabiduría: tiene que ver con las experiencias personales y haber logrado cierta conciencia de la naturaleza de las cosas y de las dificultades de la vida.
  • Fortaleza: el valor y el coraje para afrontar las situaciones difíciles.
  • Confianza: en las virtudes del ser humano.
  • Empatía: para entender cómo se sienten los demás a la hora de afrontar las dificultades de la vida.
  • Aceptación: y sentimiento de afecto hacia la persona tal y como es, sin juzgarla ni criticarla.
  • Responsabilidad: ya que no se trata de ser amable, sino de tener un deseo verdadero de ser de utilidad.

Cómo fomentar la compasión

La compasión puede aprenderse y entrenarse. De hecho, existe una terapia, que consiste en cultivar habilidades relacionadas con este tipo de comportamiento para regular el estado de ánimo y generar sentimientos de seguridad, autoaceptación y comodidad. La técnica utilizada es un tipo de meditación con la que se dirige la atención hacia sentimientos de calidez y ternura, hacia dentro (uno mismo) y hacia fuera (un grupo cada vez más amplio de personas).

A la hora de sentir compasión, deben darse cuatro pasos:

  1. Percibir el sufrimiento: debemos estar abiertos para sentirlo. Entrenarse con la meditación implica abrirse a lo que ocurre a nuestro alrededor, darnos cuenta de lo que les pasa a los demás y hacerlo con amplitud de mente y curiosidad. Así, seremos más libres para elegir cómo actuaremos en esos momentos.
  2. Evaluar el sufrimiento: ello influirá a la hora de sentir o no una emoción. Así, si valoramos de forma negativa a la persona que sufre, no sentiremos compasión, lo inhibiremos; y al contrario.
  3. Sentir compasión: debemos ser capaces de vivir estos sentimientos compasivos plenamente, si bien hay que tener en cuenta que dejarse llevar por la compasión puede suponer involucrarnos en el dolor ajeno priorizándolo a la reacción de protegerse.
  4. Actuar: así, nos dejaremos llevar por la compasión y nos comprometeremos con quien sufre.

Estos son algunos ejercicios para fomentar la compasión:

  • Sitúate en el presente y sé consciente de tus pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Ahora:
    • Piensa en alguien a quien quieras y que esté sufriendo. Sé consciente de las manifestaciones en las que podría verse ese sufrimiento. ¿Han cambiado en algo tus sensaciones?
    • Piensa en ayudar a esa persona a superar su sufrimiento. Deséalo.
    • Piensa en decírselo, a ella o a otra persona que la pueda ayudar (con este pensamiento ya estamos colaborando a que mejore). Mantén este pensamiento un buen rato y presta atención a las sensaciones que estás sintiendo.
    • Piensa si hay acciones concretas que puedes realizar y comprométete a hacerlo cuando sea posible.
  • Después de este ejercicio, piensa en tu sufrimiento y traspasa ese deseo de mejorar la situación de los demás a ti mismo.
  • También reflexiona sobre el sufrimiento de otra persona a la que no conozcas, pero que sepas que está sufriendo. Repite el proceso anterior.
  • Haz el mismo ejercicio con alguien que no te caiga bien.
“Sé compasivo porque cada persona con la que te cruzas está librando una dura batalla”, Elsa Punset.