La contaminación del aire supone un importante riesgo para la salud de las personas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 3,7 millones de muertes cada año en el mundo pueden atribuirse a la contaminación atmosférica. En 2013, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasificó la contaminación del aire exterior como cancerígena.

El crecimiento y la concentración de la población en las ciudades, así como la forma en la que consumimos energía en las zonas urbanas a través del transporte o los sistemas de calefacción y aire acondicionado, entre otros, favorecen la emisión de grandes cantidades de gases perjudiciales para nuestra salud.

Los niños, los ancianos y las personas con enfermedades cardíacas o pulmonares o diabetes son particularmente vulnerables a la exposición y a la contaminación del aire.

Un peligro invisible

El aire está cargado de contaminantes microscópicos que penetran en nuestro sistema respiratorio y circulatorio. Lo que generalmente conocemos como contaminación del aire en realidad es una mezcla de pequeñas partículas. De acuerdo con la OMS, son seis los principales contaminantes del aire que dañan la salud humana y el ecosistema:

  • Óxido de nitrógeno: se emite principalmente de motores y, por tanto, son contaminantes del aire relacionado con el tráfico. Pueden aumentar el riesgo de infecciones respiratorias.
  • Ozono a nivel del suelo: es un gas incoloro, componente principal de la atmósfera. Se produce como resultado de una reacción química entre los óxidos del suelo y los compuestos orgánicos volátiles (COV) emitidos por fuentes naturales o por actividades humanas.
  • Dióxido de azufre: es un gas incoloro, altamente reactivo, que se considera un importante contaminante del aire. Se emite sobre todo a partir del consumo de combustibles fósiles, actividades volcánicas naturales y procesos industriales. Es muy dañino para la vida vegetal, animal y la salud humana.
  • Plomo: es un metal pesado tóxico que se usa ampliamente en distintas industrias. Se emite desde motores, plantas de baterías y aguas residuales. Los fetos y los niños son muy sensibles incluso a dosis bajas. El plomo se acumula en la sangre, los huesos y en los tejidos blandos (músculos, tendones, grasa, vasos sanguíneos, nervios, etc.).
  • Monóxido de carbono: es un gas incoloro e inodoro producido por combustibles fósiles, particularmente cuando la combustión no es apropiada, como la quema de carbón y madera. Dependiendo de la concentración y duración de la exposición, puede producirse una intoxicación de leve a severa, con dolores de cabeza, mareos, náuseas y vómitos.

Cuáles son los efectos en la salud

La exposición a largo y corto plazo a tóxicos suspendidos en el aire tiene un impacto toxicológico distintos en las personas. Los más habituales son:

  • Enfermedades respiratorias: debido a que la mayoría de los contaminantes entran en el cuerpo a través de las vías respiratorias, este sistema está en la primera línea de batalla de las enfermedades provocadas por la contaminación del aire. Este se considera uno de los principales factores para enfermedades como el asma y el cáncer de pulmón.
  • Enfermedades cardiovasculares: muchos estudios han demostrado la relación entre la exposición a contaminantes del aire y enfermedades del corazón. Se ha asociado, por ejemplo, a cambios en los glóbulos blancos o con hipertrofia ventricular derecha e izquierda.
  • Irritación de ojos: los efectos de la contaminación del aire en los ojos pueden ir desde problemas oculares que no presentan síntomas al síndrome del ojo seco. Además, la exposición crónica a contaminantes ambientales puede aumentar el riesgo de retinopatía.
  • Enfermedades de la piel: al ser la principal barrera con el exterior, la piel es el primer órgano que puede estar contaminado mostrándose en forma de envejecimiento y causando manchas pigmentadas en la cara.
  • Enfermedades crónicas a largo plazo como el cáncer.

Un tercio de las muertes por accidente cerebrovascular, cáncer de pulmón y enfermedades cardíacas se deben a la contaminación del aire, según la OMS.

Cómo ayudar a reducir la contaminación del aire

Para cada simple acción que llevamos a cabo (ir al trabajo o tomar un café), tomamos decisiones que pueden agravar la contaminación. Algunos pasos para reducir este problema son:

  • Ahorrar energía: apagar las luces, los ordenadores y los electrodomésticos cuando no se estén usando.
  • Usar bombillas de bajo consumo.
  • Limitar el uso del coche y priorizar el transporte público, la bicicleta o andar.
  • Hacer un buen mantenimiento del coche: cambiar el aceite y los filtros y verificar la presión de los neumáticos o la alineación de las ruedas.

Estas no son las únicas formas de reducir la contaminación del aire, pero sí son pequeñas acciones que contribuyen a conseguirlo. En las pequeñas acciones están los grandes resultados.