El montañismo nos permite conocer rincones imponentes a la vez que ayuda a mejorar nuestra salud.

Acabar el año subiendo a uno de los montes emblemáticos de nuestro territorio es una gran idea. Disfrutaremos de la naturaleza y sentiremos una profunda sensación de libertad rodeados de hermosos paisajes. Una buena forma de cerrar un ciclo mientras practicamos una actividad saludable en unas fechas en las que nuestra dieta se desequilibra.

El montañismo además de ser un deporte, es una actividad recreativa en la que intervienen la exploración del entorno y el amor por la naturaleza. En función del tipo de terreno, la altura de la montaña y las condiciones meteorológicas, este deporte puede clasificarse en baja montaña (en España hasta 1.500 metros), media montaña (desde 1.500 a 2.500 metros) y alta montaña (a partir de 2.500 metros).

Beneficios

El montañismo es un deporte aeróbico que puede traernos numerosos beneficios físicos y mentales que nos permitirán afrontar el nuevo año con fuerza. Estos son algunos:

  • Mejora la salud cardiovascular (corazón, pulmones, vasos sanguíneos…), la capacidad muscular y la resistencia.
  • Incrementa la fuerza general y tonifica el tren inferior.
  • Alivia dolores articulares y de espalda (si lo practicamos de forma correcta y sin forzar ni cargar con un peso excesivo).
  • Oxigena el cerebro y la sangre.
  • Disminuye el riesgo de presión arterial elevada si se practica con regularidad.
  • Ayuda a controlar el colesterol alto, la glucosa y los triglicéridos.
  • Permite controlar el peso. Cada hora de caminata de montaña permiten quemar entre 400 y 700 calorías (dependiendo del ritmo y del metabolismo de cada persona).
  • Ayuda a mantenerse en forma y huir del sedentarismo.
  • Mejora la calidad de sueño.
  • Ayuda a nivelar el estado de ánimo y sentirnos más alegres.
  • Permite conocer la naturaleza y lugares espectaculares, además de respirar aire puro y sin contaminación.

Recomendaciones

La belleza de la montaña es sumamente atractiva, pero acercarse a ella también conlleva sus riesgos. Sin embargo, no hay nada que temer si se toman una serie de precauciones:

  • Nunca salgas solo: escoge bien tu itinerario, eligiendo la zona adecuada y, si es posible, únete a personas experimentadas.
  • Informa de tus planes: que tu familia y amigos sepan a dónde te diriges y cuándo piensas volver.
  • Lleva la equipación adecuada: recuerda llevar siempre el equipo suficiente y una comida ligera. La ropa de abrigo es imprescindible.
  • Olvida las prisas: cuida tu preparación física y procura no llegar a la extenuación. Realiza descansos en lugares recogidos.
  • No descuides nunca tu seguridad: también en las zonas fáciles hay peligro.
  • Desiste si observas peligro: los cambios bruscos de tiempo son frecuentes en la montaña y lo fácil puede convertirse rápidamente en difícil y peligroso. No pasa nada por desistir.
  • Guarda fuerzas para regresar: la excursión no acaba en la cima, hay que retornar. Recuérdalo.
  • Cuida la montaña: intenta no dejar huella de tu paso por la montaña. No tires basura ni arranques plantas. Tampoco molestes a los animales. En época de reproducción no visites zonas de cría, madrigueras o nidos. Respeta las propiedades y cierra cercas que tengas que abrir.
  • Cuidado con el fuego (especialmente en verano): préndelo solo en lugares habilitados para ello y contrólalo constantemente. Apágalo bien cuando te marches. Piensa que “sin querer” puedes provocar un incendio.
  • Sé silencioso: evita los vehículos a motor y los aparatos de radio con un volumen elevado. Disfrutarás de los sonidos de la montaña.

Disfrutar de la montaña el último día del año es todo un lujo al alcance de cualquiera. Además, te permite realizar una actividad física muy recomendable a la hora de ganar en salud.

“No es más quien más alto llega, sino aquel que influenciado por la belleza que le envuelve, más intensamente siente”, Maurice Herzog.