La balneoterapia es un tratamiento terapéutico que permite tratar dolencias y reducir los síntomas de algunas enfermedades mediante el uso de dos tipos de recursos: hidrominerales (aguas minerales, diferentes gases y peloides naturales) y complementarios (médicos, paramédicos y educativos).

Sus inicios se remontan al siglo XVII, aunque fue realmente en el XIX cuando empezó a cobrar más protagonismo debido a la falta de medicamentos de esa época, ya que la mayoría de las enfermedades se trataban con una cura termal.

Puede realizarse a través de inmersiones en agua fría o caliente, masajes con agua en movimiento, relajación o estimulación.

Entre las enfermedades que puede tratar la balneoterapia se encuentran las siguientes: artritis, fibromialgia, lumbalgia, osteoartritis y enfermedades de la piel.

¿Cuáles son sus beneficios? En cuanto a la artritis y la lumbalgia, la balneoterapia consigue reducir el dolor a la vez que produce una mejora de la movilidad y capacidad funcional.

En la fibromialgia, por su parte, se produce una mejora de la calidad del sueño y una disminución del dolor en los puntos clave.

DIFERENCIAS CON LA HIDROTERAPIA Y LA TALASOTERAPIA

La principal diferencia entre la balneoterapia, la hidroterapia y la talasoterapia radica en el tipo de agua: la balneoterapia utiliza agua de manantiales; la hidroterapia emplea agua dulce; y la talasoterapia utiliza el agua del mar.

En este sentido, la talasoterapia utiliza el agua salada para obtener múltiples beneficios para el cuerpo y la mente, ya que el mar posee elementos químicos de su propio ecosistema, como las algas, el barro y el clima, que resultan excelentes agentes rehabilitadores.

Por otro lado, la hidroterapia se utiliza para tratar traumatismo y diferentes enfermedades reumáticas, digestivas, respiratorias y neurológicas. Los beneficios que proporciona son numerosos: relaja y aumenta la musculatura; disminuye el dolor y la inflamación; mejora el equilibrio; y es un fiel aliado para combatir el insomnio y el estrés.