La práctica de ejercicio físico beneficia la función pulmonar. ¡Te damos algunas claves!

El asma es una enfermedad crónica que produce disnea o dificultad para respirar, sibilancias, pitidos y tos. Hay varios tipos de asma, según aparezcan tras un esfuerzo, por la noche al acostarse, por alergia al polvo o al polen o el asma estacional (asociado a alergias).

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, en la actualidad hay 235 millones de pacientes con asma, siendo la enfermedad crónica más frecuente en niños y niñas. No obstante, un tratamiento adecuado permite tener una buena calidad de vida.

Con motivo del Día Mundial del Asma (primer martes de mayo), nos gustaría explicar algunos consejos sobre cómo seguir practicando ejercicio físico y seguir manteniendo esta dolencia bajo control.

Recomendaciones para runners asmáticos

Los expertos aconsejan que las personas con asma realicen alguna actividad física, ya que el deporte controlado mejora la capacidad pulmonar y aumenta la resistencia frente a una crisis.

  1. Consulta con el médico: antes de lanzarte al asfalto, consulta con un profesional sanitario. Sigue todas sus indicaciones y realízate los controles preceptivos.
  2. Calienta: unos ejercicios de precalentamiento te ayudarán a activar el organismo, prepararte para un esfuerzo intenso y prevenir posibles lesiones. Así, empieza a correr poco a poco y ve aumentando el ritmo. Puedes hacer también carreras cortas a mayor velocidad y comprobar tu recuperación de pulsaciones y respiraciones/minuto. El precalentamiento adecuado produce en muchos asmáticos un efecto brocodilatador pasajero. Si durante el calentamiento tiene asma, tome 2 inhalaciones de su inhalador de rescate, espere unos 3-5 minutos a que los síntomas desaparezcan y siga realizando el calentamiento.
  3. Conoce bien cómo usar tus inhaladores: Hay gente que necesita tomar el medicamento de rescate justo antes de hacer ejercicio físico para prevenir las crisis asmáticas. Tu médico te lo indicaría si ese fuera tu caso. Cuando se necesita es tan importante como el precalentamiento. Se usan fármacos agonistas B2 adrenérgicos de corta duración, tales como salbutamol (Ventolin®) o terbutalina (Terbasmin®) generalmente 15 ó 20 minutos antes del ejercicio. Si tomas medicamentos de control a largo plazo puede no ser necesario usar la premedicación. Hay que tener en cuenta, que se consideran “dopping”, pero se permiten previa indicación con informe clínico.
  4. Inspira por la nariz y espira por la boca: trata de inhalar por la nariz y exhalar con los labios apretados para mejorar tu presión diafragmática y tardar más en vaciar. Además, el aire no entra tan frío a tus pulmones y evitas la sobre-constricción de las vías.
  5. Protégete del frío: evita que el aire fresco se cuele vaya directamente a tu boca, ya que favorece la bronco-constricción. Para evitarlo, tápatela con bufandas, pañuelos o buffs.
  6. Si notas molestias, para: si sientes pitidos o tu disnea es muy aparente, para y recupérate. No salgas a correr justo después de una crisis o si has pasado por un proceso respiratorio y aún no estás recuperado. Durante el ejercicio, el paciente o el educador deben reconocer su situación clínica en todo momento. En todo caso, sea cual sea el lugar en el que hagas ejercicio si tienes asma, lleva siempre contigo tu medicamento broncodilatador de urgencia. Si no lo tienes a mano, un ataque de asma que se podría haber quedado en un susto, se puede convertir en un suceso grave que puede complicar tu situación.

Sé consciente de tus límites personales y aprende a distinguir si a una intensidad concreta, el riesgo de sufrir una crisis es o no asumible.