La demanda de medicamentos sin receta es de un 12,5%, de media europea, según datos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria.  El dolor es el primer síntoma que buscamos paliar y los analgésicos lideran el listado de fármacos de autotratamiento.

Tenemos la suerte de poder recurrir al botiquín de casa ante cualquier molestia. Sin embargo, la automedicación y el abuso de fármacos supone un riesgo para nuestra salud.

Fármacos habituales, ¿para qué se usan?

Repasamos algunos de los fármacos más consumidos y explicamos para qué situaciones están indicados y para cuáles no.

1. Omeoprazol: es el medicamento más consumido en España. Este protector gástrico inhibe el exceso de secreción ácida del estómago, y se toma para prevenir el riesgo de úlcera gastroduodenal o cuando se toma una medicación lesiva. No obstante, su consumo prolongado llevar a una mala absorción de nutrientes.

2. Asipirina: el ácido acetilsalicílico es uno de los fármacos más conocidos. Se usa para calmar el dolor, reducir la inflamación y bajar la fiebre. Puede producir posibles daños en el estómago y el hígado. Para el dolor menstrual, evita la aspirina.

3. Paracetamol: aunque tiene pocas contraindicaciones y no daña al estómago, esto no significa que podamos tomarlo a la ligera. Está indicado en casos de dolor y fiebre. Unos 500 o 650 mg por toma son suficientes para calmar la mayoría de dolores.

4. Ibuprofeno: se trata de uno de los medicamentos más empleados para calmar dolores puntuales de cabeza, garganta, menstrual, dental y muscular. Tendemos a consumir ibuprofeno en dosis de 600 mg a pesar de que su eficacia es equiparable a la que conseguimos con la dosis de 400mg (más segura y suficiente).

5. Metamizol: se cree que este medicamento, más conocido como Nolotil, es una especie de paracetamol pero más fuerte. Tiene efectos adversos importantes sobre el sistema inmunitario y el hígado. Por ello, es preferible optar siempre por fármacos que alivien los síntomas de la forma más suave posible.

6. Antibióticos: su abuso y su utilización irresponsable suponen un problema muy serio de salud pública. Se emplean para combatir infecciones bacterianas y son capaces de salvar vidas, pero siempre debería ser un médico quien valore la necesidad de usarlos.

7. Hipnóticos: ofrecen una solución a trastornos del sueño como la dificultad para poder dormir o despertares frecuentes, sobre todo, en personas mayores. Un mal uso puede implicar riesgos al afectar las capacidades cognitivas y psicomotoras.

8. Estatinas: son medicamentos que se utilizan para reducir el colesterol, especialmente, en personas de mayor riesgo cardiovascular. Presentan efectos secundarios, sobre todo, a nivel muscular y hepático. Por eso debe ser el médico quien prescriba las estatinas y haga seguimiento del tratamiento.

9. ‘Antibaby’: se emplean como método para evitar el embarazo, pero también para abordar ciclos irregulares o reglas abundantes y dolorosas. Su consumo está desaconsejado en algunas mujeres, por lo que debe ser un médico quien lo prescriba.

La Organización Mundial de la Salud considera apropiada la automedicación siempre y cuando los enfermos sepamos identificar los síntomas, sea puntual en el tiempo y haya un consejo previo de un médico, enfermera o farmacéutico.