Con el calor, el organismo necesita más líquidos para seguir funcionando correctamente.

El 65% de nuestro peso corporal es agua. Este elemento es parte de nosotros, necesario para todos los procesos del organismo y vital para nuestra supervivencia. Actúa como disolvente de sustancias nutritivas y productos de desecho, participa en la mayoría de las reacciones del metabolismo y regula la temperatura corporal.

Los expertos recuerdan que la cantidad de agua recomendada es de 2,5 litros de agua al día (lo que equivale a 10 y 12 vasos de agua diarios), cantidad que sirve para compensar las pérdidas de líquido que se producen, sobre todo, a través del sudor y la orina. Pero con la llegada del calor, es necesario un mayor aporte de líquidos en el cuerpo para evitar la deshidratación.

Los médicos consideran que la ingesta conveniente de agua debe aumentar considerablemente durante los meses estivales. Aún así, la cantidad varía en función de factores como la edad, por ejemplo hasta los 8 años los niños necesitan un menor aporte de agua. Por el contrario, las mujeres necesitan una mayor ingesta de líquido durante el embarazo (300 mililitros diarios más) y durante la lactancia (700 mililitros).

Cantidad recomendada

El Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha lanzado una campaña de verano con recomendaciones generales para hacer frente a las altas temperaturas y evitar golpes de calor y riesgos de deshidratación.

La primera de las prevenciones del decálogo es el consumo de líquidos: debemos beber agua con frecuencia, aunque no sintamos sed y con independencia de la actividad física que realicemos. Asimismo, no hay que abusar de las bebidas con cafeína, alcohol o grandes cantidades de azúcar, ya que pueden hacernos perder más líquido corporal.

Además, aunque cualquier persona puede sufrir un problema relacionado con el calor, las autoridades insisten en prestar especial atención a bebes y niños pequeños, mayores y personas con enfermedades que puedan agravarse con el calor y la deshidratación, como las patologías cardiacas.

Por último, hay que procurar reducir la actividad física, evitar realizar deportes al aire libre en las horas más calurosas (de 12.00 a 17.00) y hacer comidas ligeras, que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (como ensaladas, frutas, verduras, zumos, etc.).

Efectos de la deshidratación

“Deshidratación” significa, en términos médicos, pérdida de agua, en primer lugar de sangre y después de todo el cuerpo. Esto origina una concentración anormal de líquidos corporales, la sangre se espesa y aumenta la aglutinación de células rojas.

  1. Cansancio: la sangre no puede cumplir gran parte de sus funciones, reduciendo el transporte de oxígeno hacia la musculatura, por lo que tenemos menos energía y nos sentimos más decaídos.
  2. Sobreesfuerzo del corazón: la sangre es más densa, pero el corazón tiene que bombear la misma cantidad para seguir proporcionando los nutrientes a los músculos, por lo que tiene que trabajar más.
  3. Disminuye la concentración: baja el transporte de oxígeno al cerebro, lo que disminuye la concentración y la coordinación. Se ha demostrado que la privación de líquido durante 24 horas influye en el descenso de las habilidades mentales y psicomotoras.
  4. Alteraciones hepáticas: la orina es un indicador de aviso de la deshidratación. La producción de poca o ninguna orina es una señal clara de que uno está deshidratado. Además, a medida que nos deshidratamos, el color de la orina se oscurece y tiene un olor más fuerte.
  5. Riesgo de daños orgánicos: el calor interno aumenta, lo cual eleva la temperatura de los órganos internos, rebajando el rendimiento y, en casos graves, provocando daños orgánicos severos.

Cuando sudamos perdemos numerosos minerales, por eso el sudor es salado y amargo. Para evitar la bajada de nuestro rendimiento físico y mental, debemos restituir los minerales que perdemos (con agua, fruta y verdura) ya que de otra forma trastocamos el metabolismo.

Mantener un nivel de hidratación adecuado es imprescindible para la supervivencia, la salud, el rendimiento físico e intelectual.