Llevar un estilo de vida saludable puede reducir en gran parte las probabilidades de sufrir esta enfermedad cerebrovascular.

Hoy se celebra el Día Mundial del Ictus. Esta enfermedad cerebrovascular causa una rotura u obstrucción de un vaso sanguíneo, lo que reduce el flujo de la sangre que llega al cerebro. Existe el ictus isquémico o infarto cerebral (un coágulo que obstruye el paso de la sangre) o el hemorrágico (aquel que se produce cuando se rompe un vaso cerebral).

Este trastorno afecta a 17 millones de personas en el mundo y los expertos calculan que una de cada seis personas sufrirá un ictus a lo largo de su vida. Este año, la World Stroke Organization trata de difundir entre la población mundial la idea de que el ictus es un trastorno que puede prevenirse, siempre y cuando se tomen una serie de precauciones que ayuden a eliminar los factores de riesgo de la enfermedad. Porque el 80 % de los casos de ictus se podrían haber prevenido.

Factores de riesgo

Dos de los factores de riesgo más importantes del ictus son la edad y el sexo, imposibles de revertir. A partir de los 55 años, cada década que pasa se dobla el riesgo de padecer un ictus. Además, los hombres tienen una mayor predisposición a sufrirlo que las mujeres.

Aun así, la enfermedad del ictus no solo afecta a los hombres mayores de 55 años. En muchas ocasiones, se produce como resultado de llevar unos hábitos de vida poco saludables. Estos son algunos factores de riesgo relacionados con este modo de vida, que sí pueden modificarse:

  • Hipertensión.
  • Diabetes.
  • Sedentarismo.
  • Obesidad.
  • Tabaco.
  • Consumo de drogas y alcohol.
  • Colesterol elevado.

Medidas saludables

Plantear una vida saludable pasa por llevar a cabo una serie de cambios en nuestro estilo de vida:

  • Llevar una dieta saludable: plantear una alimentación saludable que reduzca la cantidad de grasas saturadas de nuestros platos nos ayudará a evitar el colesterol LDL y la obesidad.
  • Practicar ejercicio físico regular y moderado: hacer deporte habitualmente incide directamente en la hipertensión, el exceso de glucosa en sangre o el sobrepeso. También aumenta los niveles del colesterol HDL (el bueno) y ayuda a regular la presión arterial.
  • Controlar regularmente la tensión arterial: las personas que no han sufrido un ictus con anterioridad deberían tener una tensión arterial inferior a 140/90. En diabéticos o personas que ya han sufrido un ictus, por su parte, debe ser inferior a 130/80.
  • No fumar y moderar el consumo de alcohol: el tabaquismo aumenta el riesgo de ictus de 2 a 4 veces. También un consumo elevado de alcohol está relacionado con padecer un accidente cerebrovascular.

Con todo, los antecedentes familiares es otro factor de riesgo que no puede modificarse. De modo que, en caso de que el ictus aparezca, es fundamental actuar rápido. A la hora de reconocerlo, hay 5 signos que aparecen de manera repentina y que nos ayudarán a identificarlo:

  • Alteración en la visión (de un ojo o de ambos).
  • Pérdida de la fuerza en alguna extremidad.
  • Dificultades a la hora de expresarse (hablar o entender).
  • Desequilibrio o inestabilidad.
  • Dolor de cabeza.

Ante cualquier duda, conviene consultar al médico de cabecera, puesto que nos ofrecerá toda la información que necesitemos saber de manera personalizada.